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El auge del negacionismo histórico

10 jun 2025
2 min de lectura

Actualizado: 11 jul 2025

Escribí sin odio contra el lenguaje del odio y contra la

desmemoria y el olvido tramado por quienes tratan de

inventarse una historia al servicio de su proyecto y sus convicciones totalitarias.

-Fernando Aramburu


Observo con preocupación el auge del negacionismo histórico entre distintos sectores de la sociedad, especialmente entre los jóvenes. En el mundo globalizado e interconectado en que vivimos, siento temor al observar cómo personas de mi generación se sienten atraídas por figuras políticas que promueven la xenofobia, el nacionalismo extremo y el odio hacia quienes piensan diferente. Esta situación tiene efectos negativos en la forma en que comprendemos y preservamos nuestra historia colectiva.


En muchas ocasiones, políticos y otros actores influyentes, con el propósito de manipular las emociones de sus seguidores, recurren al ejercicio deshonesto de modificar la historia a su conveniencia. Resulta alarmante la eficacia de estos actos, que han allanado el terreno para el aumento de la polarización política y la exacerbación del odio en las redes sociales.


Un ejemplo relativamente reciente que ilustra esta problemática fue la polémica generada cuando Elon Musk destacó en redes sociales a una política alemana que afirmaba, sin sustento alguno, que el dictador Adolf Hitler era comunista. Esta declaración no solo desvirtúa hechos históricos plenamente comprobados, sino que también genera confusión y contribuye a invisibilizar las lecciones del pasado.


Aunque este caso es particularmente alarmante, no es el único. En los últimos años, he observado con inquietud cómo crece la narrativa que pretende presentar al nazismo como un movimiento de izquierda. Con ello, quizá se busca dar un nuevo impulso a los movimientos políticos nacionalistas que están emergiendo en Alemania, distanciándolos de la ideología nazi, a pesar de que promuevan ideas similares. Es preocupante cómo se manipula la historia para legitimar agendas actuales.


Del mismo modo, llama la atención cómo la época actual se asemeja, cada vez más, a los años previos a la Segunda Guerra Mundial, hasta el punto de que han revivido aquellas intensas discusiones que marcaron los años treinta del siglo pasado. El socialismo, el comunismo, el liberalismo, el capitalismo y el nacionalismo son solo algunos de los términos que han estado presentes en los debates del pasado y que han reaparecido con fuerza en las discusiones contemporáneas.


A medida que hemos reanimado estos viejos debates, también han resurgido los odios que facilitaron el estallido de las guerras de mediados del siglo XX. Es como si las mismas batallas ideológicas continuaran desarrollándose, ahora con nuevos protagonistas.


Tal como ocurrió entonces, hoy también hay personas inescrupulosas que se aprovechan del descontento y las frustraciones sociales para sembrar la semilla del odio y la repulsión. De ahí surge la urgencia de acercarnos a nuestra propia historia con rigor y honestidad, a fin de comprender las causas y consecuencias de los conflictos del pasado, y revalorar las lecciones que la humanidad ha aprendido -y olvidado- tras el derramamiento de sangre de tantos inocentes.


-Joseph Müller


*Imagen de portada generada con inteligencia artificial.

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