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La mercantilización del éxito y la felicidad: Una crítica a la literatura de autoayuda

11 jul 2025
4 min de lectura

Una sociedad mejor es una sociedad capaz de tener mejores conflictos. De reconocerlos y de contenerlos.

De vivir no a pesar de ellos, sino productiva e inteligentemente en ellos.

-Estanislao Zuleta


Sé que no me equivoco al afirmar que todos, en algún momento, hemos escuchado frases como “tú eres dueño de tu propia felicidad”, “querer es poder”, o la célebre “No puedes controlar lo que otros hacen, solo cómo reaccionas ante ello”. No es extraño: estas palabras, tan reconfortantes como simplistas, se reproducen de mil formas diferentes en los libros de autoayuda que con frecuencia copan el top 10 de ventas en Colombia y en el mundo.


¿Por qué se venden tanto estos libros? ¿Y por qué podrían, pese a su aparente inocuidad, representar un problema para el progreso de la sociedad? Empecemos.


Una cantidad considerable de libros de autoayuda nos ofrecen recetas simples y pasos supuestamente infalibles para hacer frente a los conflictos “cotidianos” del ser humano. ¿Sientes que no eres exitoso? ¿Que no encajas? ¿Sufres por desamor, por soledad, por estrés, por cansancio? ¿Sientes que no controlas tus emociones o que los demás no saben comportarse? ¿Que la vida se te escapa? ¿Que no eres feliz, ni rico, ni la mejor versión de ti mismo? No te preocupes: adquiere tu libro de autoayuda en la librería más cercana.


El patrón se repite incesablemente. Los libros que se enfocan en tratar estos temas tienden a simplificar en exceso problemáticas complejas y venden fórmulas universales para alcanzar nuestros “objetivos”. Como remedio para la tristeza, se nos inculca la idea de que somos dueños absolutos de nuestra propia felicidad, y que, por tanto, debemos asumir toda la responsabilidad por la carga emocional que llevamos. Si no eres feliz, es tu culpa. Solo tuya.


Este individualismo no solo culpabiliza al lector, sino que, además, desvincula los problemas de su contexto social, económico y cultural. El autor que vende soluciones universales ignora un hecho fundamental: no todos tenemos las mismas oportunidades ni partimos del mismo contexto sociocultural del que él proviene. Por eso resulta infructuoso -casi absurdo- seguir al pie de la letra los consejos de un empresario multimillonario estadounidense para alcanzar nuestra propia riqueza. Sus intenciones podrán ser buenas y sus consejos podrían ser útiles en contextos particulares; sin embargo, una experiencia personal nunca podrá convertirse en regla general.


De ahí que deba enfatizarse que la mayoría de los libros de autoayuda carecen de rigor científico y su eficacia es, en el mejor de los casos, altamente variable. No existe un remedio universal para tratar los problemas humanos, y el lector no debe sentirse culpable si no logra obtener los mismos resultados que, aparentemente, obtuvo el autor.


Desde esta premisa, es posible cuestionar que el éxito sea vendido como un dogma, y que muchos libros de autoayuda insistan en convencernos de que el éxito se reduce a tres cosas: riqueza, productividad y positividad permanente. Esta fórmula, profundamente enraizada en los valores del capitalismo, el consumismo y la competencia, nos impone la idea de que solo será exitoso aquel que genere mucho dinero, sea muy productivo y mantenga una actitud positiva -casi resignada- frente a toda adversidad. Bastaría con advertir que el éxito es subjetivo, pero incluso esto resulta insuficiente.


La generación de riqueza y la productividad dependen de numerosos factores externos que la literatura de autoayuda ignora sistemáticamente. En cuanto a la positividad permanente, no se trata más que de un ideal utópico -o quizá distópico- al que se puede aspirar, más nunca alcanzar, pues las emociones negativas también forman parte de nosotros. La tristeza, el miedo, la ansiedad o el desasosiego son tan humanos como el gozo y la alegría. No podemos estar bien todo el tiempo, y no deberíamos sentirnos culpables por ello.


Cuando el lector no alcanza el éxito que se le ha prometido, sobreviene la frustración. Puesto que se le ha dicho que es el dueño absoluto de su propia felicidad y el único protagonista de su vida, inevitablemente pensará que ha fallado. Sentirá que es culpable de no lograr los objetivos que ha propuesto el autor en la introducción de su libro. El daño se agrava por el uso superficial y sin respaldo riguroso de conceptos psicológicos que muchos de estos libros utilizan, pues da la falsa impresión de que el contenido de la obra está respaldado por una verdad objetiva y universal. El resultado: una peligrosa mezcla de pseudociencia con marketing emocional.


No es mi intención, en este artículo, proponer soluciones definitivas al problema planteado. Pero sí considero necesario promover una mirada más estructural y colectiva frente al sufrimiento humano. Es urgente que adoptemos enfoques más honestos, críticos y complejos para comprender lo que nos duele, lo que nos limita, lo que nos impide estar bien.


Debemos recordar que vivimos en sociedad, que no todo depende de nuestra voluntad individual y que no debemos culparnos por aquello que escapa a nuestro control. Es preciso entablar un diálogo colectivo que nos permita identificar nuestras problemáticas comunes y construir soluciones conjuntas, en lugar de encerrarnos en burbujas individuales donde creemos que no hay nada malo a nuestro alrededor o que, si lo hay, basta con enfocarnos en nosotros mismos, obligándonos a ser felices y productivos mientras esperamos a que el universo conspire a nuestro favor.


-Joseph Müller


*Imagen de portada generada con inteligencia artificial.

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